LAS PERSONAS GENERAMOS Y TRANSMITIMOS VIBRACIONES MAGNÉTICAS

Publicado por JOAN EGEA BARBER en

El electromagnetismo es el símbolo de la energía no visible y esto lo hace más complejo y difícil de comprender. Por mucho que se detalle técnica y científicamente el proceso de generación y propagación de vibraciones en forma de ondas electromagnéticas, siempre veremos algo mágico en él.

La física cuántica en sintonía con la Teoría de los Campos Electromagnéticos nos dice que todo vibra; todo es energía, y nuestros pensamientos también son energía en forma de ondas vibratorias dentro de “un mar” de un Campo Electromagnético Unificado lleno de energía.

Todos los objetos y todas las cosas de nuestro universo están vibrando a diferentes frecuencias. Cuando se juntan diferentes cosas o sistemas (desde electrones hasta seres humanos) con sus respectivas frecuencias de vibración, puede darse el fenómeno de resonancia y comienzan a vibrar juntos en la misma frecuencia. Se sincronizan.

Todo se trata de vibraciones, del tipo de vibraciones con el que emitimos, pero, sobre todo, se trata de las vibraciones compartidas y sincronizadas con las de otros elementos componentes o sistemas que nos llevan al fenómeno relacional y comunicativo de las resonancias.

La propagación de ondas en telecomunicaciones se realiza por medio de las resonancias resultantes entre el campo eléctrico y magnético. La Teoría de los Campos Electromagnéticos nos aporta principios sobre la generación de energías y propagación de ondas vibratorias en el medio aéreo del campo electromagnético, que nos ayudan a comprender cómo se realiza la relación comunicativa y transformación entre energías perceptibles (más materiales) y no perceptibles (más mentales).

La transmisión de energía requiere de energía y de un campo por el cual propagarse la energía. Este campo, paradójicamente llamado vacío, está constituido por un espacio lleno de ondas electromagnéticas.

En este espacio “vacío” del Campo se da el movimiento altamente interconexionado (propagación de ondas) y la transformación de materia (energía), a través de los cuales se manifiestan los fenómenos que observamos y percibimos en nuestra realidad.

Al observar el funcionamiento de los radioenlaces de telecomunicaciones, descubrimos que funcionan como una especie de transformadores de diferentes niveles de energías.

Existen grandes similitudes entre la propagación de vibraciones por medio de los campos y líneas de fuerza en todos los sistemas de telecomunicaciones, incluido el sistema vital de las personas.

Los procesos llevados a cabo por un sistema de relaciones comunicativas consisten en una serie de transformaciones de energía perceptible (nuestras palabras audibles) en energía magnética vibracional no perceptible (menos materia y más onda), que es propagada por el espacio del Campo Electromagnético, quedando a disposición del receptor o receptores para ser manifestada o materializada mediante procesos de resonancia.

Si analizamos el sistema de telecomunicaciones de nuestro teléfono móvil, observaremos que el micrófono recoge energía en forma de vibraciones de presión de aire y la convierte en vibraciones eléctricas. De igual forma, las antenas emisoras recogen estas energías y las transforman en energías electromagnéticas capaces de propagarse por el espacio. Las antenas receptoras, por su parte, captan estas ondas para volverlas a convertir en ondas eléctricas.

El receptor realiza la transformación de la energía magnética no perceptible de alta frecuencia llegada desde el espacio del campo en energía perceptible, que percibimos y escuchamos a través del altavoz.

Las relaciones comunicativas humanas se sirven de las transmisiones de ondas vibratorias generadas especialmente desde nuestros pensamientos y emociones, que se propagan por el campo electromagnético, de forma similar a como lo hacen las ondas de sonido en un sistema de telecomunicaciones de radio o de televisión.

Los seres humanos somos “sensitivos magnéticamente”, como una especie de antenas, y muchas son ya las evidencias de fenómenos en los cuales se demuestra que con una causa mental (pensamiento + emoción) obtenemos efectos a distancia.

Las personas emitimos un campo de ondas de energía magnética, de hecho, se calcula que nuestro corazón actúa como una antena transmisora de un campo magnético 5.000 veces más potente que el de nuestro cerebro, haciendo posible una comunicación externa fuera de nuestro cuerpo.

Nuestro sistema mental y emocional resuenan o se sincronizan conjuntamente actuando como una fuente interna generadora de vibraciones. Las líneas de fuerza creadas por la fuente de este magnetismo mental constituyen una especie de energías que viajan a través del campo electromagnético generando al mismo tiempo otras energías de vuelta, lo cual no significa que siempre se lleguen a materializar o manifestar en un estado visible o perceptible.

Todo el magnetismo que transmitimos, es decir, todo lo que damos o enviamos se convierte en energía de vuelta más fuerte, recibida por medio del establecimiento de unas interconexiones y entrelazamientos que traspasan nuestra limitada percepción del espacio y del tiempo.

La sincronización entre las diferentes frecuencias de los sistemas físico y mental y consiguientes resonancias podría representar el fundamento de las relaciones comunicativas interpersonales y de la conciencia humana.

A medida que la materia se vuelve más interconectada, también lo hace la mente y viceversa. Examinar el fenómeno de resonancia nos lleva a conocimientos potencialmente profundos sobre el universo en general y sobre la conciencia o mente humana en particular.

 

Joan Egea Barber

 


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