CIENCIA, CONSCIENCIA Y PACIENCIA

Publicado por JOAN EGEA BARBER en

En la década de 1990, el Premio Nobel de Física 2020 Roger Penrose se asoció con el anestesiólogo Stuart Hameroff, para intentar ofrecer una teoría de la consciencia. En sus propuestas afirmaban que el sistema neuronal del cerebro configura una red de complejas interacciones, y que la conciencia que esto produce podría obedecer a las reglas que determinan el movimiento de diminutas partículas como los electrones.

El electrón como sistema podría explicar la misteriosa complejidad de la conciencia humana.

Las propiedades de los átomos son consecuencia de la naturaleza vibratoria en forma de ondas de sus electrones. La materia puede transformarse en energía vibratoria en forma de ondas, pero también la energía vibratoria lleva asociada una masa.

Las partículas subatómicas no poseen ningún significado como entidades aisladas, y solo podemos comprenderlas como interconexiones dentro de una especie de telaraña o red unificada de líneas de fuerza, que conexiona y entrelaza todas las partes y elementos.

La materia es sencillamente un aspecto de la energía. Masa y energía son expresiones de una misma cosa. Todo es energía.

La investigación científica permanece relativamente libre del misterio que envuelve aquello que se encuentra más allá, y que muestra que cada átomo de creación es incapaz de ser explorado y comprendido por completo. Disponemos de un conocimiento muy parcial de la cosa real más sencilla; la naturaleza de una gota de agua contiene misterios a nivel cuántico que nos son completamente desconocidos y podemos esperar que conoceremos más a su debido tiempo.

Las leyes de la naturaleza más elevadas se nos ocultan en la actualidad, pero nosotros, y todos los que vienen detrás nuestro, encontraremos en su búsqueda aquello que prepara a nuestras mentes para el siguiente nivel de conocimiento humano, como afirmaba Maxwell.

El estudio de la materia, del movimiento y la propagación de ondas desde la Teoría del Campo Electromagnético, constituye uno de los principales temas tratados en el libro Vibra+ Sistémica.

A partir de nuestra vibración magnética creamos cosas en nuestras vidas. Cuando vemos nuestras creaciones y manifestaciones solemos pensar que nos ha llegado de repente, pero no es así. En el proceso de manifestación, la vibración en forma de onda se está propagando por el campo transformando la materia. En función de nuestra vibración previa estamos creando la materia en nuestro cuerpo, en nuestro entorno y en nuestra vida.

En el desarrollo de este proceso tenemos que ser capaces de gestionar nuestra mente y emociones tratando de dejar de ser veletas de campanario sin consciencia.

James Clerk Maxwell, el científico y pensador posiblemente más influyente en torno a la Teoría de los Campos Electromagnéticos, base y fundamento de los más elevados progresos tecnológicos y científicos de nuestra civilización, nos sirve de gran ayuda no solo en el desarrollo de los últimos avances tecnológicos como los de la computación cuántica (fundamentada en los fenómenos electromagnéticos), sino también en otros asuntos de características más humanosociales.

El propio Maxwell afirmaba en una de sus conferencias dirigida a los alumnos del King’s College, que el estudiante de física encontraría en los procedimientos y metodología suministrada, hechos relativos a las condiciones del conocimiento humano, que podría llevar consigo como guía para estudiar otros temas más complejos.

La ciencia debe conducirnos de forma rigurosa a las fronteras de lo incomprensible, animando a enfocar nuestras mentes a lo que todavía no comprendemos, puesto que es solamente a quienes piensan regularmente y trabajan pacientemente a los que siempre se les revelan los misterios y principios de la verdad que nos hace libres.

En nuestros caminos de aprendizaje y desarrollo personal, mientras experimentamos las presiones y dificultades que siempre supone el hecho de aplicar y transformar nuestros conocimientos en competencias personales, nunca deberíamos olvidar los frutos de los grandes pensadores metafísicos que sustentan el progreso de nuestra humanidad y, sobre todo, no olvidarnos del precio que tuvieron que pagar teniendo que hacer frente a las creencias establecidas por los perfiles colectivos dominantes de su respectiva época, así como contra las propias creencias internas con las que ellos mismos fueron educados y socializados.

Cuando en el estudio de los principios de la Naturaleza logramos superar la resistencia de nuestras mentes encogidas y avanzamos desde una mentalidad abierta hacia nuevas ideas, se comprueba que su funcionamiento no se corresponde con tomas de decisiones meramente arbitrarias y desconectadas de un Dios “jugando a los dados”, sino que forman partes esenciales de un sistema universal, en el que el poder de las infinitas posibilidades solo sirve para revelar la sabiduría inescrutable y los principios permanentes.

Nadie, excepto uno mismo, puede ser participe del placer derivado de la comprensión y aplicación de los principios mentales que siempre permanecen. La adquisición de los conceptos y principios es determinante, pero, sobre todo, lo es el hecho de aplicarlos pacientemente hasta obtener y manifestar los frutos y resultados deseados.

Nunca deberíamos dejar pasar la oportunidad y el privilegio que supone lograr esta clase de placer, que ni los honores de la universidad, ni la reputación mundial, ni los placeres cortoplacistas imperantes podrán jamás proporcionar.

Joan Egea Barber


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